PATRICIA URQUIOLAEs la reina indiscutible del diseño. A Patricia Urquiola (Oviedo, 1961) no hay quien la frene y, por lo que parece, asume los riesgos encantada. La revista norteamericana «Hospitality Design» la incluyó recientemente entre las más influyentes en el diseño del sector hotelero internacional por sus trabajos en la cadena Mandarín. Hace unos meses presentó en Milán su última sofá, para el fabricante B&B Italia, y continua trabajando en los objetos y las piezas que ya forman parte de su marca. Pero, por si esto fuera poco, Urquiola decidió recuperar la pasada primavera una faceta de sus años más jóvenes, la escultórica. Y el próximo mes de septiembre acometerá, por primera vez, el diseño escenográfico de una ópera en la histórica temporada de su ciudad natal.
Urquiola presentó en la última Feria de Arte de Basilea dos esculturas, un banco de jardín de mármol verde y un mural de mármol de varios colores. El verde es un color que cada día está más presente en sus creaciones. Ella suele explicarlo porque cree que influye positivamente en el humor. La escultórica es una faceta distinta que le interesa mucho en los últimos meses y que le acerca más al mundo de las artes plásticas. Patricia Urquiola es una de los escasos españoles que tienen el privilegio de tener obra en la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA). Su butaca «Fjord» y la lámpara de mesa «Bague», son dos de las piezas que integran la sección de arquitectura y diseño del museo neoyorquino. Además, Urquiola diseñó el mobiliario y la tienda del Centro de Arte y Nuevas tecnologías de La Laboral, en Gijón.
La arquitecta y diseñadora, que siempre se muestra orgullosa de sus orígenes asturianos y vascos -por parte de madre y padre-, los une a la influencia del Mediterráneo -la casa de veraneo familiar está en Ibiza- y al tiempo de aprendizaje, trabajo y vida en Milán, una ciudad que la ha adoptado como hija y presume de ella.
En los últimos meses, Urquiola para poco en Milán. Su estudio tienen proyectos en medio mundo y ello la obliga a viajar casi constantemente. Casada con Alberto Zontone, con quien también ha formado equipo profesional, ella suele decir que los viajes y el trabajo son parte de su diversión como profesional del diseño porque le sirven de aprendizaje. «El diseño tiene el deber de hacer la vida más agradable y de concentrarnos en los mil aspectos de nuestro día a día que pueden mejorar desde un punto de vista funcional, social y estético»



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